Una ciudad en cuarentena | La Prensa Panamá


25 de marzo de 2020. Parece mentira como la rutina diaria y la dinámica del país cambió desde que el coronavirus llegó, se propagó y ha causado la muerte de 8 personas.

El país amaneció confinado. Obligados, los panameños tuvieron que encerrarse en sus casas ante el decreto del ejecutivo, en el que se ordenó cuarentena total para intentar contener el avance del coronavirus.

“Las calles están vacías, comparadas con los días en los que no había cuarentena”, dijo sorprendida Mónica, quien hoy tuvo que salir de casa para cobrar un cheque como pensionada de la Caja de Seguro Social.

Su viaje inició en Arraiján y se extendió hasta la vía Ricardo J. Alfaro. Más de 22 kilómetros, dos buses abordados y media hora de recorrido.

A excepción de las industrias y oficios que pueden seguir laborando, y cuyos trabajadores deben portar un salvoconducto para transitar, todos los que salgan a las calles a partir de hoy, lo deben hacer basados en el horario correspondiente al último número de su cédula. Son solo dos horas de movildad diaria.

Hay rondas policiales y retenes en todo el país. Foto Alexander Arosemena

No son dos horas para socializar. Son 120 minutos para hacer las compras o trámites indispensables. Solo eso.

Nunca habíamos pasado por algo como esto, y de forma indefinida, tal como lo dicta el Decreto N° 506 del 24 de marzo de 2020.

El aislamiento se rompe cuando la gente se encuentra en los supermercados, el lugar en el que encuentran alivio y seguridad mental, una vez compran los alimentos para abastecerse durante la cuarentena.

Una ciudad en cuarentena
Se está verificando que hacen los ciudadanos en las calles. Foto Alexander Arosemena

Pero a diferencia de las últimas dos semanas, cuando la afluencia era masiva y acaparamiento de productos sembraba el miedo de la escasez, los supermercados amanecieron hoy con un ritmo de compras mucho más calmado, al menos en el centro de la ciudad.

Pero en las periferias, sin embargo, la realidad es otra. Los consumidores hacen largas filas sin guardar la distancia que deben preservar para evitar que el virus se siga regando como pólvora, algo que provoca molestia entre los impacientes compradores.

Muchos llevan una mascarilla que guarda su respiración, otros usan guantes de latex para crear una barrera al coronavirus, pero están tan cerca como cuando se va a un concierto.

No hay niños en las calles.Las escuelas están cerradas desde hace dos semanas. Son ellos los que llevan más días en casa. Los bares y cantinas ya no son un escape. Los comercios bajaron sus rejas. La construcción está suspendida. Y la mayoría de los profesionales trabajan desde sus hogares, pegados a internet.

La policía intenta darle orden a la cuarentena decretada. Piden salvoconductos, cédulas y vigilan con recelo la entrada a los supermercados. Son el primer cerco para evitar el anuncio de más contagiados al final del día.



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