si los tumban se levantan



▲ El presidente Andrés Manuel López Obrador y Andy Ruiz durante el encuentro en Palacio Nacional.
Juan Manuel Vázquez

 

Periódico La Jornada
Miércoles 12 de junio de 2019, p. a10

Mi tocayo es un orgullo para nuestra patria, celebró el presidente Andrés Manuel López Obrador al campeón mundial de peso completo Andy Ruiz al recibirlo en Palacio Nacional. La invitación para visitarlo fue tras conseguir una victoria revestida de épica, contra todo pronóstico, conquistó el primer título mundial en la división de los pesados para México.

Es un mexicano ejemplar, viene de abajo, es producto del trabajo y el esfuerzo. Me cuentan que antes de la pelea (con Joshua) pusieron la condición de que se cantara el himno nacional de nuestro país y los organizadores no querían. Pero ellos dijeron que no salían si no lo ponían: ¡qué cosa tan importante!, agregó el Presidente en un video que difundió en su cuenta de Twitter.

Durante el encuentro, que el propio Andy reconoció le hacía ilusión, los tocayos intercambiaron regalos, como se acostumbra. El boxeador le entregó una réplica del cinturón de la AMB, uno de los tres que conquistó la noche del primero de junio.

No los voy a usar porque soy pacifista, no se trata de eso, pero le agradezco mucho, bromeó el mandatario y añadió: Andy es todo un personaje, es producto del esfuerzo y el sacrificio, representa la lucha de muchos mexicanos, la perseverancia y la terquedad, si a uno lo tumban se tiene que levantar hasta que se triunfa; eso fue lo que hizo mi tocayo.

Cuando tocó el turno al titular del Ejecutivo federal, mostró uno de los nuevos billetes de 500 pesos con la imagen de Benito Juárez, el mejor Presidente de la historia de México como un reconocimiento para Andy. Un regalo que –contó– le había hecho el gobernador de Banxico a AMLO. La decisión de entregarlo a su tocayo era que este presente está cruzado de simbolismos.

Este billete me lo regaló el gobernador del Banco de México, a quien le ofrezco disculpas, tiene una clave, lleva inscrito: 1° de julio de 2018. Fue el día de la elección. Hace un año cuando triunfé y la gente decidió apoyarme para llevar a cabo la transformación en México. Pero al revisarlo esta mañana me encontré que tenía otra clave, tenía una A y la R, de Andy Ruiz, es mi reconocimiento en nombre de México, campeón mundial de peso completo.

Más tarde, Andy ofreció una conferencia e hizo un breve recuento de la entrevista. Está orgulloso de ser un invitado especial del Presidente del país al que siempre defendió como deportista.

Estoy muy orgulloso de que me recibiera el Presidente, dijo emocionado; es como un tío al que le puedes hablar directo.

Mientras todos lo llaman el hombre del momento, Andy Ruiz, más aniñado que nunca, se atropella al hablar. Las frases con un acento de angloparlante, mezcladas con los usos del español fronterizo, no pueden ocultar una emoción y las palabras no le alcanzan para explicar lo que vive desde la noche del primero de junio cuando noqueó a Joshua.

Se siente bien chilo, soltó con la naturalidad de la gente de Mexicali, la región a la que representó como amateur y donde proviene su familia, aunque Andy nació a poco más de 20 kilómetros de distancia, al otro lado de la frontera, en Imperial, California.

Todo ocurrió demasiado pronto, lo admite. Pasó de ser el gordito al que nadie le concedía la oportunidad de vencer al campeón de los pesados, al británico Anthony Joshua, a convertirse en la sorpresa, el vencedor inesperado que inspira a las masas, el primer mexicano en ganar un campeonato del mundo en peso completo.

Hice historia

Los que piensan que los sueños no se cumplen, véanme, soy un gordito que demuestra que todo es posi-ble, que sí se puede, atajó; todos pensaban que no iba a ganar; se burlaban y decían que comía mucho. Pero hice historia.

Si algo quiere contagiar Andy es el efecto que tiene su victoria para todos aquellos que de pronto piensan que el agua les llega al cuello. Quiere inspirar a su gente, a los que se sienten marginados, a los que nadie les concede un poco de esperanza para ganar algo. Y recuerda un momento en especial durante la pelea ante Joshua, cuando tras un volado del británico cayó de espaldas en la lona.

Cuando caí en la pelea, me levanté porque soy un guerrero, como todos los mexicanos, narró Andy; tenía que hacer algo para poder coronarme, tenía que dar la sorpresa; callar las bocas de todos los que decían que era un gordito que comía mucho. Y eso fue lo que hice.

Andy defendió al estado de Baja California como boxeador amateur y perdió la semifinal que le permitiría representar a México en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. De esa generación de compañeros en la selección, recuerda a dos que destacaron como campeones mundiales: Óscar Valdez, campeón pluma por la OMB, y Francisco Bandido Vargas, quien fue monarca superpluma por el CMB.

Yo los miraba y quería ser como ellos, señaló como si mirara algo inalcanzable; tener esos amigos fue una motivación, y hoy no tengo uno, sino varios cinturones.

Andy conquistó esa noche los cinturones de la AMB, la OMB y la FIB, tres de los cuatro principales organismos en el boxeo. El cuarto, del CMB, lo posee Deontay Wilder, a quien quisiera enfrentar el próximo año. Le tienen miedo a Wilder porque dicen que pega muy duro, acota Andy; pero yo también pego bien fuerte.

A los cintos que tiene en su poder, agrega uno más que le entregó ayer Miguel Torruco hijo como representante de la Comisión nacional de Boxeo. La faja adornada con un gran disco dorado con la República Mexicana en relieve lo acredita como campeón vitalicio.

No quiero perder mis cinturones, quiero ser campeón por muchos años, afirmó como si se tratara de un nuevo sueño por cumplir.



MÁS INFORMACIÓN

¿Deseas opinar sobre este artículo?
Facebook
A %d blogueros les gusta esto: