Para el Papa, siempre hay que aprender a rezar el Padre Nuestro


(ANSA) – El papa Francisco inauguró en la audiencia general de los miércoles un ciclo de catequesis sobre el Padrenuestro, afirmando que incluso si tal vez rezamos desde hace tantos años, siempre debemos aprender. “La oración del hombre -subrayó-, este anhelo que nace de modo tan natural de su alma, es tal vez uno de los más densos misterios del universo. Y no sabemos siquiera si las plegarias que elevamos a Dios son efectivamente las que El quiere que le dirijan”.

“La Biblia (explicó) nos da también testimonio de plegarias inoportunas, que al final son rechazadas por Dios: basta recordar la parábola del fariseo y del publicano, porque el fariseo era orgulloso, le gustaba que la gente lo viera rezar, fingía rezar, pero el corazón era frío, y Jesús dice solamente que el publicano vuelve a casa desde el templo justificado ‘porque todo el que se exalta será humillado, y en cambio quien se humilla será exaltado'”. 

“El primer paso para rezar (agregó el papa) es ser humilde, ir a lo del Padre, a lo de la Virgen: ‘Mírame, soy pecador, soy débil, son malo, cada uno sabe qué decir, pero siempre se empieza con la humildad. El Señor escucha: la plegaria humilde es escuchada por el Señor”.

Por eso “iniciando este ciclo de catequesis sobre la plegaria de Jesús, lo más bello y justo que todos debemos hacer es repetir la invocación de los discípulos: ‘Maestro, enséñanos a rezar!. Sería bello repetirlo en este tiempo de Adviento, ‘Señor, enséñame a rezar'”.

En una parte improvisada del discurso, Francisco afirmó que “es un peligro de los líderes apegarse demasiado a la gente, no tomar distancia. Jesús se da cuenta y no termina rehén de la gente”. El papa comentaba así el episodio evangélico de Cafarnaum, donde pese a la multitud que lo reclama Jesús se aparta en la soledad y la plegaria. “El se desvincula, no termina rehén de las expectativas de quien lo eligió como líder”, dijo el papa.

“Todos podemos ir un poco más allá y rezar mejor, pero pedirlo al Señor, Señor enséñame a rezar. Hagamos siempre esto en tiempo del Adviento. El seguramente no dejará caer nuestra invocación en el vacío. Jesús rezaba con intensidad en los momentos públicos (recordó el pontífice), compartiendo la liturgia de su pueblo, pero buscaba también lugares recogidos, separados del bullicio del mundo, lugares que permitieran bajar al secreto de su alma: es el profeta que conoce las piedras del desierto y sube a lo alto sobre los montes. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar sobre la cruz, son palabras de los salmos”.

“Es decir de la plegaria, de la plegaria de los judíos, rezaba con las plegarias que la madre le había enseñado”, agregó Jorge Borgoglio. “Jesús rezaba como reza todo hombre del mundo -observó- y sin embargo en su modo de rezar había también encerrado un misterio, algo que seguramente no escapó a los ojos de sus discípulos, si en los Evangelios hallamos esa súplica tan simple e inmediata: Señor, enséñanos a rezar”.

“Y Jesús no se niega -concluyó el papa-, no es celoso de su intimidad con el Padre, sino que vino precisamente para introducirnos en esta relación. Y así se vuelve maestro de plegaria de sus discípulos, como seguramente quiere serlo para todos nosotros”.







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