Los genes de este animal producen regresión de tumores en humanos y otros mamíferos


Un grupo de biólogos descubrió genes y mutaciones que parecen estar implicados en la regresión de tumores cancerosos en los llamados demonios de Tasmania (Sarcophilus harrisii), un marsupial oriundo del sur de Autralia, informó la revista Genome Biology and Evolution.

La investigación podría cumplir un papel primordial en el esclarecimiento de las causas de una enfermedad de tumores faciales recurrente en dichos animales. Se trata de una forma contagiosa de cáncer que afecta tanto a hembras como a machos de la especie y que determina una mortalidad del 100 % en un período de entre 12 a 18 meses.

El hallazgo de los científicos ayudará a reducir drásticamente el número de muertes y podría “tener implicaciones para tratar el cáncer humano y de otros mamíferos”, se afirma en la investigación. Mark Margers, miembro del equipo de biólogos, explicó que “algunos de los genes que se atribuían a la regresión de tumores en los demonios de Tasmania también existen en los humanos“.

El experimento

El examen en cuestión fue determinado por una interesante observación: algunos ejemplares con tumores faciales no morían y después de algunos meses sus tumores desaparecían por sí solos. Los investigadores secuenciaron los genomas de siete demonios de Tasmania que experimentaron regresión del tumor y de tres que no lo hicieron.

Los resultados revelaron que los animales cuyos tumores disminuyeron tenían tres regiones genómicas altamente diferenciadas, que contenían múltiples genes que están relacionados con la respuesta inmunitaria y también con el riesgo de cáncer en humanos y otros mamíferos. Según los científicos, este es el “primer paso hacia la caracterización de la base genética del rasgo de regresión del tumor”.

Desde los años 90, esta particular enfermedad contagiosa ha diezmado la población de los ‘demonios’, marsupiales carnívoros cuyo hábitat se concentra en la isla de Tasmania. La dolencia provoca en ellos la formación de tumores en la boca y en sus alrededores, que dificultan la alimentación o incluso la impiden, provocando la muerte del animal. La enfermedad se contagia por transmisión directa de las células cancerígenas vivas, a través de las mordeduras que se infligen unos a otros en la cara durante los procesos de alimentación y apareamiento.



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