Las librerías son el eslabón más frágil de la industria editorial


▲ Gunther, la gatita que llegó para atrapar un ratón y se quedó a formar la esencia de la librería de viejo con más de 30 años de vida.Foto tomada de Internet

Alondra Flores Soto

 

Periódico La Jornada
Miércoles 13 de mayo de 2020, p. 4

La librería A Través del Espejo, en la colonia Roma, cerrará de manera definitiva con el final del aislamiento. El olor a papel viejo por los estrechos y azarosos pasillos ya no estará más. La gentrificación puso la sentencia y la cuarentena por el coronavirus adelantó la ejecución.

La propietaria, Selva Hernández López, anunció el pasado 2 de mayo en Twitter: Estoy planeando un buen funeral, o más bien un homenaje, para la librería que fundó mi mamá en 1995. Será apenas acabe el confinamiento y durará un mes.

Hoy están, mañana quién sabe, advertía un profético letrero entre los anaqueles antes del enclaustramiento como parte de las medidas sanitarias para evitar la propagación del Covid-19. Nos dejó en una situación muy vulnerable, muy delicada, relata Hernández, quien asumió la posesión de la librería hace seis años tras la muerte de su madre, Silvia López Casillas, fundadora del negocio en Álvaro Obregón, cuando la Roma era un barrio popular.

El antiguo dueño del local falleció recientemente y el heredero tiene mejores ofertas de renta, por lo que ya se había pactado entregar el sitio al término del contrato, en septiembre. Aunque es un negocio rentable, no es boyante. Vivo al día, porque vendemos libros. Desde marzo las ventas se fueron al suelo, ya no pude pagar abril y mayo.

De hecho, al buscar otros locales comprobó que los precios en la zona suben hasta el triple y son más pequeños. Por la crisis sanitaria no logró reunir el alquiler, por lo que la entrega se hará antes. “Es el destino de los negocios de las zonas que se gentrifican”, asume con resignación y pesadumbre. La venta de libros no puede soportar la renta en un lugar como éste.

Un gato negro recibía a los visitantes de A Través del Espejo, con mirada verde y rabo bamboleante, como el sonriente Cheshire. Su nombre es Gunther y en realidad es una gatita que ha sido parte de la esencia del sitio entre los más de 250 metros cuadrados y 100 mil ejemplares que serán rematados o rescatados. El destino de muchos más aún no se sabe.

Formamos parte de la Red de Librerías Independientes, que ha estado muy activa con la contingencia observando lo que sucede, muchas están a punto de cerrar porque de por sí ya estaban en números rojos. Apunta: Las librerías son el eslabón más frágil de la cadena del libro.

No es un comercio el que cierra, sino una caja de Pandora. Además, una fuente de empleo de unas 20 personas, 15 de ellas permanentes.

Muy probablemente no tenemos lo que usted está buscando, pero tenemos muchos libros que usted no sabía que buscaba, es la invitación a lanzarse como explorador a un encuentro para adoptar a un viejo amigo. Me doy cuenta de la necesidad de las personas de ser escuchadas y atendidas.

Las ventajas de estos establecimientos no sólo es la variedad de precios, sino tienen detrás a personas que realmente amamos a los libros, mucho más allá de su posibilidad monetaria. Vemos las historias, personas que hay detrás; es sorprendente el trabajo que implica un libro, de editores, correctores, impresores: todos unen su esfuerzo para que llegue a manos de un lector y disfrute.

En el número 118 de esta famosa avenida se lee: Compro libros y bibliotecas, inscrito con letras blancos sobre el cristal, la vista hacia los montones de páginas.

Ya ahora con casi 30 años de existencia, la librería tuvo el cambio de manos al morir la primera propietaria. Entonces llegó Gunther, en principio para atrapar a un ratón polizón, y finalmente se quedó al otro lado del cristal. No ha sido unicamente un ingreso de dinero, fue una especie de reconocimiento al trabajo de mi mamá, de conocerla a través de su librería, ella tenía una memoria prodigiosa. A sus clientes les gustaba venir porque compartía su sabiduría.

Selva es parte de una familia de libreros. La primera la abrió su abuelo en los años 40 del siglo pasado. Su padre, tíos y hermanos también se dedican al negocio. Ella misma creció entre libros, estudió diseño editorial para dedicarse a ellos, los ha editado y ahora los rescata para limpiarlos, marcarlos y venderlos.

Comparte con Gunther el placer de estar entre el polvo y las montañas de papeles, descubrir lo que encierran.

No quisiera que la librería cierre sin pena ni gloria. Hasta antes de la contingencia había ganancias, daba empleos y era una labor muy satisfactoria. A pesar de problemas como una inundación y el temblor de 2017 con el que quedó muy dañada, había sobrevivido. Hemos visto cómo la transformación de la colonia ha eliminado los negocios de barrio, muy distinto al que era hace 30 años, la Roma de su infancia.

En cuanto sea posible, vivirá un mes de fiesta y de remates, para mudarse y hacer actividades de despedida, como lecturas y exposiciones con los amigos y personas del medio de la literatura.

Amantes de los libros, esta pandemia nos obliga a cerrar nuestras páginas de forma indefinida. Nos vemos pronto, nos leemos pronto. Parece ser el fin de la historia A Través del Espejo.



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