Las colas del hambre se extienden en España, tras crisis generada por el COVID-19


Las colas del hambre se alargan en España. La súbita caída de la economía causada por el confinamiento ordenado por el Gobierno para frenar la expansión de la pandemia de coronavirus ha provocado un fuerte aumento de las personas que necesitan ayuda para comer.

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En los últimos días centros sociales, iglesias y hasta teatros se han convertido cada vez más en lugares de entrega o envío de alimentos, comidas preparadas y otro productos de primera necesidad, especialmente en Madrid.”Es triste, pero es una realidad que no podemos negar”, reconoció a Efe Alberto Serrano, concejal-presidente del distrito madrileño de Latina, en una de las cocinas del proyecto creado por el Ayuntamiento de Madrid, de la que salen 1.300 comidas preparadas cada día.

Gestionadas por ONG como Cáritas, Cruz Roja o Mensajeros por la Paz, incluso por asociaciones de vecinos, estas iniciativas -que ya existían para la población más vulnerable- han visto cómo la demanda se ha disparado en las últimas semanas ante el agravamiento de las consecuencias del parón económico causado por la pandemia.

El Ayuntamiento de Madrid tiene un programa propio, en el que facilita comidas preparadas, alimentos o ayudas a más de 82.000 personas (unas 30.000 familias) en los 21 distritos de la ciudad, que luego distribuye a través de colegios, parroquias y otras entidades de apoyo social.

Es un “tsunami social”, describió Pepe Aniorte, delegado de Bienestar Social del Ayuntamiento, quien recordó que en pocas semanas recibieron 22.000 demandas de los servicios sociales municipales, frente a las 9.000 de otros años en la misma época. Serrano explicó que intentan llevar las comidas y alimentos a domicilio o a otros centros para intentar evitar las colas, a fin de respetar la “dignidad” de los beneficiarios, ya que “allí podemos estar nosotros mañana mismo”.

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Un reparto de alimentos organizado el pasado domingo en el barrio popular de Aluche originó una cola de medio millar de personas, y sus imágenes generaron polémica y manipulación política. En colaboración con los bancos de alimentos, donaciones de empresas, grupos de hostelería o particulares, y con la ayuda de voluntarios -cocineros, auxiliares o simples vecinos-, en la cocina que muestra Serrano se cocina este día fideuá con pescados y mariscos.

Las zonas más afectadas en Madrid son los distritos más populares de la capital, especialmente en el sur, como Vallecas, Carabanchel y Villaverde, aunque también los de Latina y Tetuán (centro). Y es que más de 20.000 madrileños de 5.800 familias se alimentan durante el estado de alarma gracias a las redes vecinales solidarias de la capital, que denuncian que los servicios sociales municipales están “desbordados” y han obligado a más de 6.100 voluntarios a prestar esta ayuda.

Ante el aumento de peticiones de ayuda, en las últimas semanas se han puesto en marcha un total de 37 despensas solidarias gestionadas por los propios madrileños, congregados en 58 redes vecinales, según recoge la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid. 

El céntrico y popular barrio de Lavapiés se ha convertido estos días en un verdadero centro de gestión para sus vecinos. Decenas de ellos, distribuidos en cuatro “despensas de alimentos”, trabajan voluntariamente para ofrecer comida a las 3.000 personas que hasta ahora han solicitado ayuda, según cuenta a Efe, Marta Curiel, quien estos días colabora con la plataforma vecinal La Cuba. “No deberían de existir los repartos de alimentos por parte de los vecinos, debería ser la Administración quien asegurara un derecho tan básico como el del acceso a la alimentación”, asevera. En ese sentido, asegura que los vecinos organizados no son “profesionales ni quieren serlo”.

“Ya hay una gran estructura de Servicios Sociales que lucha día a día porque se garanticen los derechos humanos. Son las propias trabajadoras las que llevan denunciando desde hace años la escasez de sus recursos, un déficit estructural en servicios sociales que se ha hecho patente con esta nueva crisis”, insiste. Las iniciativas se desarrollan por todo el país, como los repartos de alimentos que organiza Cruz Roja entre los migrantes africanos afectados por la reducción del trabajo en el mar de invernaderos de frutas y vegetales de la provincia de Almería (sureste).

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Personas sin trabajo fijo que quedaron sin empleo y no reciben subsidios o inmigrantes de la economía informal que fueron los primeros en quedarse varados al ser los más vulnerables, figuran entre los principales demandantes, en muchos casos tras llevar casi dos meses sin ingresos. Es el caso de Yolimar, una venezolana con 14 años en España, quien con los 430 euros (465 dólares) de la ayuda al desempleo que percibe cada mes ha de pagar un alquiler y alimentar también a su hija de 15 años.

“Si La Cuba no me ayudara con los alimentos estaríamos pasando más que pobreza, estaríamos pasando hambre. No he podido pagar alquiler, en abril ya solo pude pagar la mitad, gracias a que el casero se portó superbien y voy ingresando lo que puedo”, relata a Efe. Yolimar además tiene una esclerosis múltiple que le impide poder acceder a muchos empleos, pero aún cree que la red de vecinos instalada estos días en Lavapiés también le ayudará en el futuro: “estoy supercontenta con mi barrio, hacen una labor maravillosa”.

Esa opinión la comparte Sylvia, madre soltera de 26 años que pidió ayuda al equipo de fútbol donde juega su hijo de 5 años, los Dragones de Lavapiés, que estos días trabaja junto a La Cuba. “Me preguntaron si podía ayudar y les dije que más bien era yo la que necesitaba la ayuda”, narra Sylvia, quien antes de que llegara la pandemia trabajaba sin contrato en un comercio, por lo que no pudo acceder a ninguna de las ayudas ofrecidas por el Gobierno.

Esta española cuenta que pasó “un par de semanas bastante mal psicológicamente” hasta que dio el paso de hacerse voluntaria en el mismo lugar del que recibía la ayuda. Responsables municipales de Madrid señalan que entre los nuevos receptores de la ayuda alimentaria de emergencia figuran también familias “de clase media que nunca se podían haber imaginado pedir ayuda a los servicios sociales”.

En otro tipo de iniciativa, Cáritas opera desde hace años economatos en varias ciudades españolas en los que las familias beneficiarias -debidamente registradas- pueden comprar alimentos y otros productos de primera necesidad pagando el 20 por ciento de su precio, con un importante aumento de la demanda en las últimas semanas que también genera colas a sus puertas. A finales de abril, las peticiones de ayuda al Banco de Alimentos habían aumentado al menos en un 30 por ciento, según indicó un portavoz de esa entidad benéfica. 

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