La Jornada: ¿La fiesta en paz?


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omo toda opinión interesante, la externada la semana pasada en este espacio por el doctor en historia y perspicaz aficionado Jesús Flores Olague sobre los dos carteles en Zacatecas, con reses de Piedras Negras y José Julián Llaguno, creó polémica al afirmar que Fortes es el pundonor y la valentía, pero le ha faltado cabeza para estar en la cara del toro. Se duerme en las suertes, se recrea tanto en ellas que no se repone y le pierde la distancia a los toros. No es sólo ponerse cerca, sino estarlo sin resultar cogido.

A algunos les agradó la inclusión de Fortes en tan singulares carteles, a otros, que nada le gusta al doctor Flores, y a otro le llamó la atención que para el quietismo de ese torero de escaso rodaje, Piedras Negras y José Julián Llaguno, y para el posturismo efectista de los que figuran, toritos de la ilusión. Con estos criterios no habrá resurgimiento posible de la fiesta. Urge pues la capacitación, sobre todo a los metidos a empresarios taurinos.

Hace años, en inolvidable entrevista, el escritor Juan de la Cabada me decía: “La cosa no es para desencantar, es para luchar… En Campeche había una revista que se llamaba Sol de Provincia y unos amigos me pidieron que escribiera algo sobre el Día de la Raza. ¿Cuál raza?, ¿qué día?, pregunté. La gente pobre, ¿qué raza tiene? Entonces se me ocurrió escribir algo sobre el chino Ham, casado con una árabe y radicados en Campeche. Muchas viejas se enojaron con ‘ese peludo’, pero el artículo levantó ámpula… Toma nota que el asunto de la raza todavía se cotiza. Los ojitos azules, el cabellito rubio. Hombres y mujeres vestidos según el gusto ‘internacional’, la imposición de la estupidez y la visión de los de fuera, como si el nacionalismo bien entendido debiera seguir pasando por la aduana de sus aprobaciones.”

Por eso está bien que en el pomposo monumento a Colón, en Barcelona, éste apunte con el índice al mar como ruta hacia las Indias Orientales o sureste asiático y, de pasada, al nuevo mundo, tan rico en recursos y en posibilidades de explotación, mientras en el monumento del Paseo de la Reforma el navegante, con la mano extendida, parecía mostrar satisfecho las impensadas consecuencias de su nunca imaginado tropezón con las islas del Caribe. ¿Por qué mejor en esa glorieta no ponen las esculturas de María Greever, Agustín Lara, José Alfredo y Manzanero, antes de que su magnífica obra se nos acabe de olvidar?

El promotor cultural de Aguascalientes, Ernesto De Luna Macías, señala: “La llamada fiesta brava, ¿o breve?, requiere cirugía en todo su corpus, una revisión lo más concienzuda, amplia y ordenada posible; decenas de litros para la inmediata transfusión que quizá, sólo quizá, ayuden a sobrevivir tal entelequia, hoy herida de muerte por sus falsos defensores. A mi entender, tal espectáculo quedó en un negocio monopólico donde el producto principal es el atole y se administra con el dedo. Una cura o remedio para todo mal sería mezcal y olvidarse de la rica historia de la fiesta en nuestro país, antecedente del actual (poco) arte taurino. Me parece que el principal problema está en los desentendidos, en el graderío radica la cura que pudiese aliviar el monótono espectáculo pues, al asistente y al aficionado, les vendría de maravilla conocer a fondo lo concerniente a tan pálida fiesta otrora importante. ¿Cómo?, pues con educación, educación y más educación, para saber exigir en taquilla respeto por su dinero, por la fiesta de toros y por la inteligencia.”



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