La Jornada: Economía moral


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ado el fracaso de la estrategia neoliberal (EN) adoptada en México (1983-2018) en términos de los dos criterios de Williamson, el formulador del decálogo del Consenso de Washington (CW), para evaluar sus bondades: crecimiento económico y redistribución del ingreso, JLC (en la 2ª sección de su artículo La economía mexicana en su laberinto neoliberal, que se publicará en El Trimestre Económico el primero de julio), después de explicar por qué la economía no creció rápido ( Economía Moral, 7/6/2019), pasa a explicar el deterioro, en el periodo de la EN, de la distribución funcional del ingreso (DFI) por la insuficiente generación de empleos: se crearon sólo 14.7 millones de empleos formales, un tercio de los que debieron crearse para satisfacer los requerimientos de empleo digno de las nuevas generaciones. Por ello 32 millones de personas, 56.6 por ciento de la PEA, se encuentran hoy en el empleo informal (cuyos rasgos son precariedad, bajas retribuciones y exclusión de la seguridad social). A esto se añade la caída salarial que se explica por el exceso de oferta sobre la demanda de trabajo, y por la otra hoja de la tijera: la poderosa mano negra de una política salarial pauperizadora que usó los bajos incrementos salariales nominales para prevenir la inflación y como factor de competitividad internacional”. Esto a pesar de la válvula de escape de la emigración al extranjero, que estima en 10.9 millones de personas (saldo neto) de 1983 a 2018. JLC relata la política de salarios mínimos (SM), que perdieron el 69 por ciento de su poder de compra en la EN: en 2018 el SM estaba muy por debajo de la línea de bienestar, y debajo de la línea de bienestar mínimo (LBM) para una familia de cuatro, del Coneval. Añade que las tasas de incremento nominal de los SM fueron utilizadas como guía para las negociaciones salariales, por lo cual la política contraccionista del SM arrastró a la baja los demás salarios: de 1982 a 2018, los SM bajaron 68.3 por ciento; los contractuales (en ramas de jurisdicción federal) 64.1 por ciento; los de la construcción en 61.7 por ciento y los manufactureros, 38.9 por ciento. En cambio, en la estrategia estatal-liderada (EEL), vigente de 1934 a 1982, estos últimos aumentaron en 201.7 por ciento, y los SM 100 por ciento. El resultado, a finales de 2018, es que dos tercios de los trabajadores subordinados percibían menos de 3SM, lo que los situaba debajo de la línea de pobreza, violando el artículo 123 de la Constitución.

En la 3ª sección (La trampa de la estrategia neoliberal en México y la estrategia heterodoxa de desarrollo de China), JLC señala que México y China orientaron sus economías al exterior al mismo tiempo (1982), pero con estrategias radicalmente diferentes. China adoptó una EEL (economía socialista de mercado), y México la EN. El contraste en los resultados es aplastante: el PIB de México era, en 1982, mayor al de China: 1.24 a 1; en 2018 el PIB de China es 10 veces mayor al de México, como resultado de las tasas medias de crecimiento anual: 2.3 por ciento en México y 9.7 por ciento en China. México, dice JLC, recibió el castigo por la sumisión acrítica al fundamentalismo de mercado, China el premio a su heterodoxia económica y su pragmatismo. Mientras México fue globalizado bajo la ortodoxia del fundamentalismo de mercado “China diseñó su propia estrategia de desarrollo e inserción en la globalización, manteniendo el control de su transformación: fue abriendo gradual y selectivamente (por regiones e industrias) su comercio exterior; no suprimió sus políticas de fomento económico general y sectorial, sino que las reformó, diversificó y enriqueció; no privatizó sus empresas públicas, sino que elevó su eficiencia otorgándoles autonomía financiera y de gestión (convirtiéndolas en grandes motores de desarrollo); no liberalizó la inversión extranjera directa, sino que promovió su ingreso selectivo (de preferencia en asociación con empresas nacionales). Las políticas macroeconómicas de China se orientaron al crecimiento económico y no a la estabilidad de precios, y ha mantenido la subvaluación de su tipo de cambio como palanca de la competitividad-precio de sus productos, lo que le ha permitido mantener un superávit comercial sostenido, en contraste con el déficit comercial constante de México (a pesar de las exportaciones petroleras) asociado a la sobrevaluación del peso. En China, crecieron también los salarios reales: los medios pasaron de menos de cuatro dólares al día a más de 54 y se redujo drásticamente la pobreza. Con una LP de 3.20 dólares por persona al día, bajó de 99 por ciento en 1982, a 7 por ciento en 2018. JLC cita a Joseph Stiglitz, quien dice: cada uno de los países que han tenido mayor éxito en la globalización determinó su propio ritmo de cambio; cada uno se aseguró al crecer que los beneficios se distribuyeran con equidad y rechazó los dogmas básicos del CW. La 4ª y última sección (Los orígenes del neoliberalismo en México y su ascenso al poder político) cuenta una historia desconocida, que sintetizo en el cuadro.



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