La Jornada: Desde otras ciudades


▲ El famoso Barrio Rojo de Ámsterdam apagó las luces y sus trabajadores buscan la manera de sobrevivir.Foto Ap

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or El coronavirus han cerrado los clubes de striptease, salas de masajes y prostíbulos en Polonia. Para ayudar a las trabajadoras sexuales más pobres y presas del pánico, algunas han organizado una colecta en línea inédita.

Iniciativas de este tipo se han lanzado en otras partes de Occidente; por ejemplo, por el sindicato Strass francés o las organizaciones Maggie, en Toronto, y Pace, en Vancouver, Canadá.

En Polonia, en menos de dos semanas hemos recolectado más de 16 mil zlotys (más de 3 mil 500 euros), es algo extraordinario, se congratula una de las organizadoras, una joven de 22 años con el pelo teñido de un tono violáceo quien prefiere ser llamada Medroxy.

Un grupo de trabajadores y trabajadoras sexuales –que sufren una situación difícil por el vacío legal en Polonia– decidió apoyar la colecta para un fondo de crisis con su propia iniciativa.

Ofrecen sus fotos o videos de encuentros a cambio de una donación por un monto determinado. Los interesados transfieren la cantidad fijada a la cuenta bancaria del colectivo y, al presentar el recibo, obtienen el producto o servicio propuesto.

Se han recibido 221 donaciones, algunas personas hicieron varias, indicó Martyna, al igual que Medroxy, miembro de la coalición Sex Work Polska, grupo informal que se afana en la defensa de los derechos de esta categoría profesional. Esto nos ha permitido ayudar a unas 60 personas con pequeñas sumas para que puedan hacer sus compras y obtener medicamentos.

En Ámsterdam, un grupo de apoyo, el Prostitution Information Centre (PIC), consideró chocante que las trabajadoras sexuales, que pagan impuestos, queden excluidas de todo programa de asistencia. Dos partidos cristianos de la coalición gubernamental y el Laborista (oposición) solicitaron al gobierno que haga un esfuerzo por ellas.

La pandemia ha tenido, además, otro efecto, ya que numerosas trabajadoras sexuales cuyos sitios de trabajo cerraron se han volcado en buscar su sustento frente a las cámaras de video, señaló Medroxy.

Por ser conocida en el medio, donde precisamente debutó ante una cámara hace cuatro años y recibe muchas solicitudes de consejos. Las cosas no son muy diferentes en Holanda. Organizo un taller de formación para personas que quieren pasarse al trabajo sexual en línea, comentó Yvette Luhrsla, otra activista de PIC, quien trabaja frente a las cámaras.

Medroxy no puede quejarse. Cuando comenzó la epidemia de coronavirus interrumpió sus actividades poco más de dos semanas. Vendo mi tiempo a 300 zlotys (unos 66 euros) por hora, y recibo hasta cinco clientes por día. Esto le permite, de vez en cuando, ayudar a su padre y a un hermano que reciben magras pensiones.

Afp



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