Jim Yong Kim se despide del Banco Mundial y sigue mirando al sector privado


 El doctor y antropólogo estadounidense Jim Yong Kim anunció hoy su renuncia como presidente del Banco Mundial (BM) tras un largo mandato de más de seis años que incluyó un giro en el organismo para colaborar más con el sector privado.

Kim, un experto en cuestiones de salud global de 59 años, precisamente regresará ahora al sector privado por considerar que es desde allí desde donde cree que podrá contribuir más a la solución de los principales problemas de desarrollo mundiales.

“La oportunidad de unirme al sector privado fue inesperada, pero he llegado a la conclusión de que este es el camino a través del cual podré tener el mayor impacto en los principales problemas mundiales, como el cambio climático y el déficit de infraestructura en los mercados emergentes”, dijo Kim en un correo electrónico enviado al personal del Banco.

El mensaje de Kim sorprendió por la crítica que entraña a la propia labor del organismo financiero multilateral, el mayor prestatario del mundo para proyectos de desarrollo.

Ya desde el comienzo de su gestión, en 2012, año en el que los 189 países miembros de la institución fijaron como objetivos prioritarios del organismo acabar con la pobreza extrema para 2030, Kim se empeñó en estrechar las relaciones con la empresa privada para impulsar el desarrollo en los países con menos recursos.

Así, en lugar de depender únicamente de las contribuciones de los países donantes, cada vez más renuentes a desembolsar fondos, Kim empezó a presionar a los inversionistas privados para que participasen en los proyectos de desarrollo como inversión de la mano del Banco Mundial.

Pero como hombre del expresiente Barack Obama, quien lo propuso para presidir el BM, Kim puede no haber sido ajeno a las presiones.

Su firme defensa del medio ambiente y de la sustentabilidad ambiental de los proyectos de desarrollo que financia el organismo ha chocado en los últimos dos años con la política defendida por el nuevo presiente de EE.UU., Donald Trump, lejos de esas prioridades.

Estados Unidos, con un 16 % del poder de voto, es el mayor accionista del BM, por lo que Trump podrá aprovechar la ocasión para poner al frente a alguien de su confianza, siguiendo la tradición de que la jefatura del organismo la ostente un estadounidense.

Sin embargo, puede que se repita la circunstancia de 2017, cuando por primera vez esa norma no escrita se puso en entredicho y Kim tuvo que enfrentarse a otra candidata al cargo, la exministra de Finanzas de Nigeria Ngozi Okonjo-Iweala.

Antes de acceder al organismo multilateral, Kim era desde 2009 el primer presidente de origen asiático del Dartmouth College, en Nuevo Hampshire, una de las universidades más prestigiosas de la costa este de EE.UU.

Previamente, de 2003 a 2005, había sido director del Departamento de Sida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde se encargó de lanzar la exitosa iniciativa “3 por 5” con el objetivo de tratar a 3 millones de enfermos.

Kim, casado y con dos hijos, nació en Seúl, Corea del Sur, pero se trasladó a EE.UU. con sus padres, un dentista y una profesora de filosofía, a los cinco años de edad.

Su familia se instaló en el estado de Iowa, en el medio oeste del país, donde acudió al colegio y al instituto.

Alumno brillante, se graduó “cum laude” en la Universidad de Brown y consiguió su licenciatura en Medicina en 1991 y un doctorado en antropología en la Universidad de Harvard en 1993.

En Harvard, Kim fue además profesor de la Escuela de Medicina y director del Centro Francois-Xavier Bagnaoud para la Salud y los Derechos Humanos.

En 2006, fue incluido en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo publicada por la revista “Time” y actualmente ocupaba el número 41 de la lista de Forbes de personas poderosas.

También fue cofundador de “Partners in Health”, una organización sin fines de lucro que ofrece servicios médicos en países como Haití, Perú, Rusia y Ruanda, y a cuya directiva ahora regresará.

Kim anunció que tras dejar su cargo, el 1 de febrero, se unirá a un fondo enfocado en la inversión en infraestructura en los países en desarrollo, sin que el BM haya aclarado de qué firma se trata.

Según él, la financiación en infraestructuras es una de las mayores necesidades que tiene el mundo en desarrollo en la actualidad y ha sido una de las áreas de mayor colaboración del BM con socios del sector privado durante su gestión. 



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