Imperio, monólogo sobre los últimos días de Maximiliano, concluyó temporada


ángel Vargas

 

Periódico La Jornada
Lunes 29 de octubre de 2018, p. a14

¿Qué pasa por la mente de un hombre que se asume designado por Dios para gobernar y que está a punto de morir como resultado del engaño y la traición? De esta interrogante parte el monólogo Imperio, que la noche del sábado concluyó temporada en el Castillo de Chapultepec.

Basado en la novela homónima de Héctor Zagal, en él se narran los últimos tres días de vida de Maximiliano de Habsburgo, quien aguarda ser fusilado recluido en la celda de un convento de Querétaro, enfermo de disentería y medicado con cápsulas de láudano (extracto de opio).

Como príncipe católico, reza a Dios y le pide compasión mientras revisa su vida y se arrepiente de sus errores, pero también juzga a quienes lo traicionaron, lo engañaron, lo obligaron a embarcarse en una aventura que le cobrará el precio más alto que un ser humano puede pagar.

Entre el terror y la contrición, la culpa y la furia, el amor y la desesperación, el monarca tiene que admitir que fue un locura dejar su fastuosa vida en Europa para embarcarse hacia un país del que todo desconocía y en el que se vio derrotado por la nada.

Historia y ficción

Adaptada y dirigida por Rodrigo González, en esta puesta en escena historia y ficción se imbrican para sumergir al espectador en uno de los capítulos más apasionantes del siglo XIX mexicano: el Segundo Imperio, y situarlo ante el drama de un hombre que perdió todo.


▲ Ricardo Kleinbaum personificó a Maximiliano de Habsburgo en la última función de Imperio. Alternó en el papel con Ernesto Godoy.Foto Guillermo Sologuren

En esta última función Maximiliano de Habsbugo fue interpretado por Ricardo Kleinbaum, quien a lo largo de las cinco temporadas alternó en el papel con Ernesto Godoy.

La suya fue una actuación sólida y convincente que no en pocos momentos cimbró y conmovió, como cuando él interpela, en sus pensamientos, a Benito Juárez, y se desmorona ante la noticia falsa de la muerte de la emperatriz Carlota o cuando sabiendo que se acerca su fin, clama que su sangre sirva para que no se siga derramando más la del pueblo mexicano.

De cerca de una hora de duración, el montaje se apega a los referentes históricos y se vale de una estética realista, al usar como escenografía uno de los salones del Castillo de Chapultepec, donde vivió Maximiliano, así como de vestuario de época.

La puesta en escena cuenta, además, con la música original de Alonso J. Burgos, que fue interpretada por Rodrigo Suárez en un piano de 1906 que perteneció a Porfirio Díaz.

Según Rodrigo González, es muy posible que la obra regrese en diciembre al Castillo de Chapultepec, sede del actual Museo Nacional de Historia, para ofrecer otras funciones antes de que concluya este año.



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