Ilán Semo: La teoría gótica del capitalismo



El capitalismo funciona como una de esas criaturas descritas en la imaginación gótica del siglo XVI, el golem en particular. La leyenda entrecruza desde entonces a una de las pesadillas más oscuras de Occidente. En el siglo XIX adoptó la forma de Frankestein, en el XX las del avatar y los robots de la película Yo, robot dirigida por Alex Proyas, basada por cierto en la novela de Isaac Asimov, en la que artefactos pensantes se rebelan contra los seres humanos. Los hombres deciden desafiar a Dios desplazándolo de su lugar. Crean una criatura “a imagen y semejanza de un ser humano”, un ser que contenga todas sus cualidades menos las que lo llevan a destruirse a sí mismo. El experimento desemboca en una catástrofe: el golem termina por acabar con sus propios creadores.



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