Genes, genomas y lenguajes


IV Encuentro Libertad por el Saber
1519. A quinientos años

  • La filología y la biología son disciplinas históricas. El reconocimiento de este carácter, de eventos acumulados, de teleología en algunos casos, del papel de la contingencia, queda demostrado en los genomas de los mexicanos y en la multiplicidad de lenguajes: Antonio Lazcano
  • Estrictamente hablando, no se debería hablar de lingüística histórica sino de diacronía lingüística, en la cual, la reconstrucción hipotética de los signos de las lenguas en cuestión sólo permite proponer ancestros, pero no determinar su existencia histórica: Luis Fernando Lara

La mesa titulada Genes, genomas y lenguajes, coordinada por los miembros del Colnal Luis Fernando Lara y Antonio Lazcano Araujo, planteó la posibilidad de detectar los límites entre la evolución y las distintas lenguas del mundo a partir de los marcadores genómicos propios de la población mexicana y las distintas lenguas que se hablan en nuestro país.

 

 

genesgenoma3Antonio Lazcano Araujo comenzó diciendo que “tanto la filología como la biología son disciplinas históricas” y recalcó la importancia de establecer puentes interdisciplinarios o puntos críticos de encuentro para evitar absurdos históricos absolutos como el de la Alemania nazi al llamar “lenguas degeneradas” al yiddish y al ladino, lenguas prototípicamente judías. Luego de ese preludio, el biólogo especializado en la evolución temprana y el origen de la vida, presentó a los tres jóvenes investigadores especializados en genómica humana pertenecientes al Laboratorio Internacional sobre el Genoma Humano de la UNAM: María Ávila, Andrés Moreno Estrada y Federico Sánchez Quinto.

María Ávila expuso de manera general la comparación entre la diversidad genética y la diversidad lingüística a nivel global. Explicó la estructura que conforman los genes y los genomas: “nuestro ADN es como un mosaico del ADN nuclear de todos nuestros ancestros”. Mencionó que a la luz de la ciencia, nuestro ADN es parecido a “un cronómetro que va contando hace cuánto tiempo nos hemos divergido” gracias a que los avances en el área han permitido observar a poblaciones de todo el mundo, comparar su material genético e inferir hace cuánto tiempo compartimos algún ancestro común y, con ello, proponer modelos de historia demográfica humana.

Ávila enfatizó que mientras más lejos estemos de África menos diversidad tenemos por el llamado “cuello de botella genómico” que es la marginación de la diversidad en un territorio con asentamientos humanos. De tal forma que, según la genetista, sí hay una relación entre las migraciones humanas y la variación fonética, pero la distribución geográfica de los inventarios de fonemas no siguen un patrón de efecto fundador tras la salida de África. En otras palabras, ejes de variación genético y fonético sí concuerdan. Sin embargo, mencionó un punto de contradicción: “las lenguas que están aisladas tienen más variaciones en el número de fonemas que en el de lenguajes con muchos vecinos”.

Federico Sánchez Quinto, por su parte, mencionó que las herramientas de la paleogenómica se pueden usar para contestar preguntas históricas y así conocer más sobre el origen de los idiomas indoeuropeos. Propuso clasificar las lenguas indoeuropeas en diez macrogrupos, tomando como base el árbol filogenético que se hizo a partir de cómo las macrofamilias comparten palabras entre sí y destacó que el castellano proviene del macrogrupo itálico, y en ese sentido lanzó la pregunta “¿dónde se originó el protoindoeuropeo?”.

Andrés Moreno Estrada, en cambio, ubicó a los grupos indígenas de México dentro del movimiento migratorio evolutivo. Mencionó que tenemos un origen como especie muy reciente debido a la escala evolutiva y que por eso existe una diversidad mínima entre los seres humanos, pero en el caso de la ruta migratoria de América se forman grupos genéticos bien definidos: “se sabe que tenemos un origen asiático que se desarrolló de norte a sur, apreciando esa gran diversidad cultural, casi a nivel genético”. De acuerdo con Andrés Moreno, es evidente que hay una serie de ramificaciones genéticas: las del norte, las andinas y el amazonas, donde existe una gran mayoría de lenguas amerindias.

Luis Fernando Lara hizo un breve recuento de los precursores de la filogenia o la relación de parentesco entre las lenguas humanas, según su origen común. Destacó el trabajo de August Schleicher y Friedrich Diez, considerado este último como el padre del estudio de las lenguas romances. De esta forma hizo una crítica entre el comparativismo y los reconstructivistas: “el análisis de Diez no pretendía reconstruir hipotéticamente vocablos de etapas anteriores, sino que partía de un enfoque evolucionista y clasificatorio puesto que disponía de datos de la lengua madre: el latín, y buscaba con ellos explicar los procesos evolutivos sufridos por cada lengua romance a partir de aquella, considerando la influencia de otras lenguas”.

Puntualizó que el establecimiento de una filogenia de las lenguas amerindias era todavía más complicado. Destacó que el iniciador más destacado de esta polémica empresa fue el lingüista Edward Sapir quien propuso la teoría de un grupo humano procedente de Asia “avecindado en el noroeste del continente del cual habrían derivado un cúmulo de lenguas”. Mencionó que a partir de ahí se han construido una serie de hipótesis acerca del origen de las lenguas de nuestro continente; sin embargo, “la inexistencia de datos sobre estados antiguos de las lenguas en general, pero sobre todo de las amerindias, o sobre sus lenguas ancestrales, no permite situarlas en la historia”.

Lara explicó que el área lingüística mesoamericana se distingue por poseer fenómenos morfológicos y sintácticos compartidos. Citó como ejemplo la llamada “posesión nominal” la cual es una construcción propia de mesoamérica que consiste en un sustantivo y un pronombre posesivo: “mi cabeza”. Aseveró que los biólogos que han publicado en revistas sobre filogenia de las lenguas quedan deslumbrados por “lo que ofrece la investigación genética de las poblaciones”, pero que “deberían acercarse con más cuidado a las especulaciones lingüísticas”. Finalmente explicó que la naturaleza de los fenómenos genéticos es muy diferente a la de los fenómenos lingüísticos: “éstos son siempre hechos de cultura”, concluyó.

 

Puede consultar las actividades completas en el canal de YouTube de El Colegio Nacional.

 

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