Gabriel Vargas Lozano*: Sin filosofía no habrá Cuarta Transformación



La importante función social de la filosofía es incomprendida por una mayoría de la población debido a que la comunidad filosófica nacional abandonó, desde hace muchas décadas, la necesaria labor difusora de nuestra disciplina. Esta situación ha sido aprovechada por los medios masivos de comunicación, con contadas y valiosas excepciones, acompañados por los medios oficiales, para llevar a cabo una intensiva labor de enajenación que afecta en forma negativa principalmente a las nuevas generaciones subsumidas en los juegos electrónicos y las comunicaciones insulsas mediante el Facebook. A ello agreguemos que en la educación existe una tendencia alentada por la OCDE que “recomienda” la prioridad de una orientación mercantilista y tecnocrática frente a una humanista y filosófica bajo la tesis de que esta última “no sirve”. La idea es acabar con una educación realmente integral que Humboldt llamaba bildung con el objetivo de convertir a los individuos en integrantes sumisos de la revolución tecnológica y de la globo colonización en marcha. Ahora bien, en la actualidad ha surgido una contratendencia en varios países europeos y expresada en el libro de la Unesco, la filosofía, una escuela de la libertad que propone que la filosofía puede ayudar a conformar una mentalidad racional, crítica y democrática desde la niñez (con una metodología apropiada) hasta los adultos mayores y que puede practicarse en todos los lugares (fábricas, cárceles, hospitales, escuelas, etcétera) por medio de cafés filosóficos, talleres, asesorías y otros medios, con el propósito de que la gente aclare sus ideas sobre el mundo en que vive y actúe en consecuencia. Esta posición constituye una reacción en contra del elitismo y enclaustramiento en que los gobiernos neoliberales han buscado recluir a la filosofía como forma de neutralización de su influencia crítica en la sociedad. Ahora bien, si examinamos más atentamente nuestra propia historia, en todas las etapas han influido filosofías negativas o liberadoras. En el mundo prehispánico había aspectos filosóficos vinculados a sus concepciones del mundo; en la Colonia, la filosofía se utilizó para legitimar la destrucción de la cultura anterior y formar otra; los héroes de la Independencia fueron fuertemente influidos por la Ilustración francesa (Ejemplo, la filosofía de Rousseau en la Constitución de Apatzingán redactada por Morelos) que les permitió combatir el aristotélico-tomismo; la Reforma fue influida por el liberalismo de John Stuart Mill y el positivismo de Augusto Comte. Por cierto, Gabino Barreda, planteó que se podían distinguir hasta ese momento, tres etapas: la teológica, la metafísica y la que tendría que venir: “la era positiva”, es decir, la del desarrollo industrial y científico. Era por ello necesario que el ciudadano fuera educado en una nueva mentalidad. Fue por ello que Benito Juárez, al tomar el poder en 1867, promulgó la ley de educación y fundó la Escuela Nacional Preparatoria. De todo lo anterior se puede deducir: 1) la educación define qué tipo de país queremos; 2) esta educación debe estar basada en una determinada orientación filosófica (que por cierto puede nutrirse, a su vez, de diversas posiciones); 3) la educación no sólo se despliega en el sistema educativo sino en el conjunto social. Es curioso que el neoliberalismo, fundado por el filósofo Friedrich Von Hayek, no haya sido estudiado suficientemente por los filósofos nacionales a pesar de que ha influido en nuestro país durante ¡36 años! formando a varias generaciones.



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