El tiempo apremia


El título de este espacio se relaciona al tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, porque si bien el Senado de nuestro país ya lo aprobó, en los otros dos países no se ven muchos avances, aunque si declaraciones en el sentido de que está en proceso su revisión. Por eso hago algunas apreciaciones y comentarios.

El primero se refiere a la preocupación mexicana, en este caso, de la Secretaría de Economía, quien hay señalado que si en Canadá no se convoca al Senado y la Cámara de Representantes a un periodo extraordinario de sesiones para aprobar el Tratado, México se enfrentará a la posibilidad de que éste sea “discutido bajo un nuevo gobierno, que, si no está de acuerdo con lo negociado, pediría una reapertura, particularmente en los temas laborales y de cultura, que fueron los temas que más impulsaba ese país en las negociaciones bilaterales que dieron paso al acuerdo trilateral. 

Bueno es señalar que Canadá, en lo que se refiere a su Senado, no tiene plazos fijos ni determinados para aprobarlo, además de que la Cámara de los Comunes entró en receso desde el pasado viernes 21 y el Senado lo hace desde este viernes 28, aunque existe la posibilidad de que se convoque a un periodo extraordinario.

Por lo que respecta a Estados Unidos, la Cámara de representantes entra en receso el próximo mes de julio (el viernes 26) por lo que es importante que antes de ese día se apruebe el T-MEC pues después den enviarlo a su Senado para ratificarlo. Esto que parece simple no lo es porque el proceso es un poco más complejo, como lo ha señalado la Secretaría de Economía, debido a que el T-MEC fue negociado bajo el esquema de la Autoridad de Promoción Comercial, es decir, por facultad del Presidente y no pueden hacerse modificaciones a lo negociado; en otras palabras, se aprueba todo o se rechaza todo.

En Estados Unidos el proceso es más o menos el siguiente. El pasado 29 de enero la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) entregó al congreso un informe sobre los cambios requeridos en la legislación para la implementación del tratado; después la Comisión de Comercio Internacional presentó un reporte sobre el impacto que tendrá el tratado en la economía de Estados Unidos; luego, el 30 de mayo, la Cámara de Representantes recibió el borrador de la Declaración de Acción Administrativa y el texto firmado del tratado. Después de este último evento se cuenta con un plazo mínimo de 30 días (vence el próximo domingo 30 de junio) para que se presente un proyecto de ley de implementación del nuevo tratado.

En México, como lo señalé la colaboración anterior, la aprobación por nuestro Senado debe percibirse como positiva tanto para la iniciativa privada nacional como para el extranjero donde inversionistas, empresarios y calificadoras desean recibir señales de buen mercado. La aprobación interna deberá bajar presiones arancelarias del presidente estadounidense contra México (y Canadá) para que no se mezclen asuntos sociales (migratorios, en nuestro caso) con comerciales. Reitero en principio, porque con ese residente nunca se sabe. 

Para terminar y ya que menciono señales de certidumbre, el haber pasado el proceso mexicano de ratificación y de aprobarse por los tres países (que de una u otra forma significa continuar con el TLCAN, pero en versión 2) podrá aumentar el interés en México de los inversionistas extranjeros por instalar y/o ampliar plantas manufactureras en el país y en Mexicali por supuesto, para que puedan alcanzarse los porcentajes de producción de origen definidos en el T-MEC, siguiendo aprovechando nuestras ventajas en materia de capital humano calificado y de alta productividad de nuestras empresas de clase mundial. 

*El autor es consejero y tesorero nacional de Index, además de director de Recursos Humanos para Latinoamérica en Newell Brands.



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