El reproche de los inocentes


De la miscelánea de críticas, insultos y exigencias lanzadas contra López Obrador de parte del sentimiento conservador que tomó las calles en días pasados, la queja sobresaliente fue condenar a la figura presidencial, una y otra vez,  por cuestionar a los medios de comunicación a los que tiro por viaje lo mismo critican a empresarios periodísticos que a comentaristas y escribanos por su viperino proceder a lo dicho o hecho por el gobierno a quien los marchistas tildaron, en particular a AMLO, de tirano que a través de diatribas, sermones y descalificaciones pretende silenciar a la “prensa libre”.

Obviamente la malhumorada manifestación, escasa o numerosa, carece del mínimo respeto hacia mayoría de los mexicanos que han sido víctimas, con toda alevosia, de la histórica villanía que los poseedores de los medios de comunicación han ejercido desde la conquista española al presente refrendándose, con igual despotismo, durante el México independiente, La Reforma, el Porfiriato o la revolución pues la casta dueña del poder político y económico nada han subestimado para confabulados mantener en óptimas condiciones el aparato ideológico, enajenante y fiscalizador del pensar y comportar de las masas.

Periódicos, radio, cine y televisión de forma aplastante se han conservado, generación tras generación, inalterables e inexpugnables en sus contenidos y propósitos porque la misión y encomienda radica estar al servicio del interés que parasita a diestra y siniestra del orden político-económico dominantes, donde un notable ejemplo, lo dramatiza México dado el célebre carácter conservador, adulterador y chantajista que los medios -con admirables excepciones-  monopolizan puesto que la forma y fondo de la información encuentra sentido siempre y cuando sean los poderosos los que escriban, hablen, piensen, actúen y decidan a nombre de quienes carecen de voz y representatividad.

¡El pueblo de México derroto’ al comunismo! Así rezo’ la prensa nacional el día tres, un día después del 2 de octubre que dio’ lugar a la masacre estudiantil de 1968, lo que todavía sin esfumarse el aire enrarecido, silbar de ambulancias ni olor a sangre derramada sobre la explanada de Tlatelolco la canalla noticiosa, recordemos, destaco’ la salvación patria de “renegados extranjerizantes” en elogio del ejército y aplauso  a lo que el asesino PRI gobierno llevo’ a cabo en aquella sombría fecha que, con iguales o peores procedimientos, ya se habían ensañado sobre movimientos sociales incomodos al autoritarismo del régimen represor.

Y ahora resulta que la fantoche mano derecha mecedora de la cuna donde invariablemente ha cohabitado la prensa chayotera exige, histérica y desafiante, respeto y libertad para un ejercicio u oficio de sobra mancillado por el PODER obscurantista defendido, a capa y espada, precisamente por el PODER del cual dichos mancilladores al ser parte del mismo se aferran a su eternidad nociva, prostituida e irreformable conscientes de que la fuerza creada a ciencia,  paciencia y antojo de la clase política y gobernante esta vez   angustiada no da crédito a los tiempos nuevos que mayoritariamente los excluidos ahora demandan…

 

 

 

  • El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

 



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