El impacto económico de la COVID-19 en el mundo | ELIMPARCIAL.COM


Nunca en la historia la humanidad había enfrentado una pandemia que tuviera un impacto brutal en el mundo. Desde la depresión de 1929, el sistema económico no había experimentado dificultades de esta dimensión. Aquí en nuestro país, veníamos arrastrando una crisis no reconocida por el gobierno ante la falta de crecimiento económico. Todos los analistas e intelectuales del quehacer económico habían pronosticado una recesión. Además de este inconveniente, se le suma la pandemia del COVID-19 que vino a profundizar la ya de por sí frágil economía. El impacto de este virus afectó a los mercados de todos los países y obligó a las naciones del mundo a paralizar las actividades económicas.

Esta hecatombe monetaria ha derrumbado las bolsas de valores de todo el orbe, el empleo se deprimió, por cuestiones de seguridad para proteger a los trabajadores muchas empresas los mandaron a sus casas, las actividades económicas se desalentaron, en nuestro país la baja en la demanda de petróleo trajo consigo una baja en el precio a nivel mundial, donde por supuesto, los ingresos del gobierno se han visto disminuidos y la depreciación del peso ha llegado a niveles nunca vistos.

Todas las sociedades del mundo entraron en una fase de “cuarentena”, quizás esto fue necesario para poder reencontrarnos como familia, dado que los avances tecnológicos habían acortado las distancias, pero las cercanías nos habían distanciado. La tecnología nos está deshumanizando, los valores familiares estaban en decadencia por el uso de los teléfonos celulares entre otros dispositivos. El planeta tierra está enfermo, el ser humano le ha hecho mucho daño contaminando y explotando los recursos naturales de una manera anárquica en función de las ganancias de las grandes empresas.

Las lecciones de esta pandemia son muchas, sobre todo en tratándose de lo humano, es una toma de conciencia, de que el ser humano no es infalible, es más, no está por encima de la naturaleza, es parte de la naturaleza. El ser humano equivocadamente siempre ha pensado estar por encima de todo lo viviente, se ha creído el centro del universo, que es la razón final. Pero hoy nuevamente la naturaleza lo ha puesto a prueba. No somos nada, a pesar de las grandes innovaciones en la era espacial y los avances tecnológicos, como el descubrimiento del genoma humano, la modificación del patrón humano, la conquista del universo, la nanotecnología y tantos descubrimientos han sido insuficientes para encontrar la cura de este virus.

Desde la época del renacimiento hubo una revolución en el pensamiento, lo racional sustituyó a lo dogmático. Fue una época que derrumbó creencias religiosas para darle entrada al pensamiento crítico y objetivo. Se pasó de creer que Dios era el centro del universo, postura llamada teocentrismo al antropocentrismo que considera al hombre en ese centro del universo. Una percepción equivocada dado que el hombre no está solo, es parte del entorno y todas las creencias y conocimientos científicos son parte de la realidad vista como un “todo”.

Es momento de reflexión, esta experiencia mostró cuan vulnerables somos y de cómo hemos desdeñado al planeta que nos ha dado todo y no lo hemos cuidado. Demostró que no estábamos preparados para enfrentar la dialéctica de la naturaleza, donde todo cambia a cada momento. El objeto-sujeto está cambiando de manera permanente. Debemos fortalecer los lazos familiares, valorar más la vida. Después de esto ya nada será igual, habrá que ajustar los sistemas educativos, para reeducar a las nuevas generaciones de la importancia del equilibrio entre el ser humano y su entorno.

¡Quédate en casa!

*- El autor es economista egresado de la UABC.

 



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