El dilema | ELIMPARCIAL.COM | Noticias de Mexicali, México


“Dos excesos deben evitarse en la educación de la juventud; demasiada severidad y demasiada dulzura” PLATÓN

En estos días de home office y confinamiento casero familiar con frecuencia leemos y/o escuchamos preguntas sobre qué serie o película recomiendan en Netflix, confieso que yo soy más bien quienes preguntan y no sugieren pues soy más bien de libros, sin embargo, en esta ocasión aprovecho este editorial no solo para recomendar ampliamente una que es un documental/drama (The Social Dilemma) en donde se borda y configura el mayúsculo dilema que actualmente hay alrededor de las redes sociales, sus orígenes, sus creadores, sus usuarios, sus objetivos, su evolución, su descontrol, su manipulación, su perversidad, su utilidad, sus efectos positivos y negativos, sus consecuencias a la par…, en suma, un muy interesante relato de algo tan actual y tan impactante en nuestras vidas que sin duda alguna debemos ver y volver a ver para tener cada vez más elementos de juicio con una opinión cada vez más documentada.

Destaco la visión, ideas y aportaciones de Tristan Harris (originalmente diseñador ético en Googlo, hoy presidente del Centro para la Tecnología Humana, tristanharris.com), quien, a mi parecer, a la par de las Jaron Lanier (originalmente en Atari, VPL Research, hoy en Microsoft, jaronlanier.com), expresan conceptos sumamente profundos dignos de análisis y seguimiento para el presente pero sobretodo el futuro.

En este orden de ideas, el haber visto el documental descrito amplió y reconfirmó muchas de mis ideas y teorías sobre este complejo y delicado tema, que, de un tiempo a la fecha, sobretodo pensando en mis hijos adolescentes, procuro separar en las diversas aristas por donde puede ser analizado con el afán de llegar a conclusiones más claras y contundentes según sea el caso (política, religión, ciencias, prensa, relaciones humanas, trabajo, niñez, juventud, adultez, etc.).

Siendo así, de entrada estoy convencido de que nadie tiene la verdad absoluta y que lo más inteligente es abordarlo bajo la premisa de ver las distintas tonalidades de los grises dejando de lado el blanco y negro.

La sola brecha generacional que implica el hecho de que yo tengo 48 años y mi hija 15 amerita la empatía suficiente de mi parte, para, sin dejar de ver las cosas desde mi perspectiva, tener la capacidad de adaptarme a la de ella con el objetivo de llegar a conclusiones y acciones mutuas por medio de las cuales pueda incidir en mi deseo de educarla para que, inmersa en su adolescencia, saque lo mejor en este mundo digital en el que ella ya nació y yo partiendo de la base de la sola experiencia que en muchos sentidos lo vivido me da para advertir sin invadir en su individualidad teniendo como base el amor implícito en nuestra relación padre-hija.

Me queda cada vez más claro que es un error tan grande pretender aislar al 100% a mi hija de las redes como permitirle su uso indiscriminado y sin supervisión alguna.

En estricto sentido, si tuviera que resumirlo en una palabra, el secreto está en la dosificación.

En propiciar la conversación con ella para incidir, gradual pero sostenidamente, sobre su apreciación por lo bueno que significa el poder hacer uso de este tipo de herramientas para informarnos mejor sobre distintos temas, para poder estar en contacto con nuestras familias y amigos compartiendo grandes momentos de la vida, para, en suma, fortalecer la idea de que el bien se imponga al mal, de la capacidad de discernimiento, de la proclividad por enaltecer y no criticar, de las buenas razones e intenciones para procurar que las redes, en todo caso, sean un reflejo de una persona íntegra e inteligente que fundamenta y que vive la vida feliz tratando de ser cada día mejor. Continuará…

*El autor es editorialista local/consejero CDEM.



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