Cuatro víctimas más denuncian abusos de Manuel Briñas, fundador de la escuela del Atlético



Manuel Briñas, con sombrero, durante la presentación de Álvaro Morata como jugador del Atlético de Madrid.
EFE

El caso de Manuel Briñas, fundador de la escuela del Atlético de Madrid, tiene visos de convertirse en uno de los mayores escándalos de abusos a menores de la época reciente. El propio fraile de 88 años admitió a ‘El País’ que había abusado de un menor entre los años 1973 y 1975, y ahora hay cuatro víctimas más que han relatado su caso al mismo diario.

En los cuatro casos hablan de los presuntos incidentes en el Colegio Hermanos Amorós de Madrid y en los campamentos que organizaba Briñas en la sierra de Gredos.

El primero de estos nuevos testimonios data de principios de los años 80, diez años después del primer caso denunciado. “De mí abusó una sola vez. Pero me ha marcado para siempre. Briñas rompió en mí algo que nunca pude volver a unir. Me pasó con 11 o 12 años en el colegio. Yo jugaba a balonmano y me lesioné el hombro. Cuando volvía al vestuario, dijo que me daría un masaje. Me hizo quedar en calzoncillos. Me acarició por todas partes y, tras unos minutos, dijo: ‘Ahora vas a notar una crema caliente que te irá bien’. Yo no podía ver nada, no me dejaba mover la cabeza. Tardé tiempo en entender que había eyaculado encima de mí”, relata esta víctima, identificada por ‘El País’ como un doctor en Bioquímica y profesor universitario nacido en 1971.


También de principios de los 80 es lo que relata otra presunta víctima, que recuerda cómo Briñas intentó hacerle tocamientos. “Un día que me pusieron la antitetánica, él dijo que me quedara a dormir en la enfermería. Como yo ya había oído cosas, me puse el bañador y me lo até con muchos nudos. Pero me desperté con él metiéndome mano“, rememora F.B.

El caso de A. se sitúa a mediados de los 80, un poco más adelante que los anteriores. “Estuve mal del estómago y me mandaron dormir en la enfermería. Estaba solo en la tienda, pero él se metió por la noche. Me dijo: ‘A ver cómo va esa tripa’ y empezó a acariciarme la barriga. Luego bajó al pubis a manosearme“, relata.

El último de los nuevos testimonios recogidos por ‘El País’ explica que su experiencia con Briñas se produjo en la furgoneta que tenían en los campamentos. “Íbamos dos niños y le dijo al otro: ‘Tú, a dormir’. Paró el coche, vino detrás y me empezó a acariciar las piernas hasta masturbarme”, señala.



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