Apoteosis de los toros de Martínez Urquidi


P

oco a poco en la agonía de la luz de la Plaza México surgían las medrosas inseguridades del atardecer crepuscular deslumbrante de belleza. Posteriormente las quebraduras de la plaza se oscurecían de sombras. El crepúsculo sembraba con suavidad de misterio y en el ruedo aparecieron uno a uno los ocho toros de Los Encinos, muy bien presentados, bueno mozos, de encastada nobleza que iban a más después de los muletazos. Toros que literalmente planeaban cual aviones desde su edad cinqueña.

Especialmente destacaron el primer toro de Enrique Ponce el tercero de Sergio Flores y el quinto del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza que se traía atrapado al toro en la danza de su caballo. El aire se volvía loco. Espirales infinitas alzaban su vuelo. Las muñecas del rejoneador como los fuegos que crepitaban en el fondo del redondel y la cintura acompañaba el viaje del toro al mecer el toreo con una torería singular que le ha dado treinta años rejoneando.

Toreaba tan en serio Don Pablo que le restaba emoción a lo que según mi criterio es una de sus grandes faenas en la Plaza México.

Ante el valor de Sergio Flores y Luis David que salieron a por todas dando la pelea a los diestros españoles.

Enrique Ponce, maestro de maestros, les ha ligado con son y temple a los encastados toros que a base de torearles con naturalidad y verticalidad acabo metiéndolos en la muleta en faenas magistrales.

Rematados en la muleta posteriormente en medios pases, adornos y unos remates con la mano izquierda al brazo contario de la ejecución que volvieron la plaza al revés con los aficionados hipnotizados por la belleza de la visión Enrique Ponce deletreo el toreo a los gritos ensordecedores de ¡torero, torero!

El torero Valenciano consiguió expresar su vida interior con la muleta y los aficionados se volvieron uno registrando todo tipo de sensaciones que eran languidez convaleciente de su templar a los toros.

Tenía tiempo que no aparecía una corrida en conjunto de las características de las que sueñan los aficionados y los toreros.

¡Enhorabuena, ganadero y gracias!



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