Adrián Herrera Díaz: Púdrete en el infierno


Iconoclasta, libérrimo, nació sin frenos y sin reversa. Vive para escribir y dedica por igual largas horas a la lectura y a la cocina, de la cual es maestro indudable en el noroeste del país. Estrella de la televisión, a su pesar, no buscó la fama que lo ilumina, ni hacerse de amigos. Pero entre sus amigos se cuentan hombres y mujeres de probada cultura y múltiples nacionalidades. Podría haber aprovechado de forma legal la proyección que le brinda uno de sus trabajos ante el público, y no lo hizo. A cambio, y para evitarse intermediarios, mafias culturales y tonterías diversas, el Chef Herrera decidió no tocar puertas sino construir la suya propia: su editorial, Norte oscuro, de nombre, en la que acaba de publicar el extenso volumen de título Púdrete en el infierno, y que inaugura lo que se vislumbra ya como una amplia colección de libros, en principio sólo de su puño y letra.

–Hay numerosos casos de personas que consiguen escribir, cuando mucho, una cuartilla a la semana. Tu experiencia con la creación literaria es la opuesta. Pareces vivir la escritura como una especie de alivio o como la forma de saciar una sed personal.

–Para mí, escribir obedece a un proceso de ansiedad. No lo cuestiono, simplemente lo hago. El escritor Mario Anteo me dijo una vez; “a ti, la escritura te va a salvar”. Sigo sin entender a qué se refería pero de alguna manera intuyo lo que quiso decir.

–Tus lecturas favoritas están conformadas mayoritariamente por narraciones breves. Y ahora al lector le propones justo compartir esa idea. ¿Qué te distanció de la novela como lector y prosista?

–Vivimos en la época de las distracciones: Netflix, redes sociales, Whatsapp… Cada tres segundos el celular te avisa que debes atender un llamado, un mensaje, algo. A su vez, la mercadotecnia nos bombardea ferozmente con mensajes para comprar cosas, pensar de cierta manera, reaccionar de otra. No hay tiempo ya. Por eso la literatura breve representa una ventana para recobrar nuestra relación con las letras. Hay que adaptarse. Además, lo breve, encima de que es más difícil –técnicamente– de elaborar, nos obliga a pensar, a reflexionar más rápido. La contemplación es un lujo que ya pocos se pueden dar.

–La temática de tu obra no niega el afecto que mantienes por los clásicos del terror. Muchos de tus personajes podrían salir perfectamente del DSM IV. Hay demonios que exorcizas con esos seres digamos complicados.

–No los exorcizo, los invoco. Mi mente es un oráculo maldito que conecta este mundo con esa otra realidad donde habitan seres deformes, espectros, formas alucinógenas, presencias y terrores arquetípicos.

–Justo por eso eres un personaje de ti mismo. Parecería que representas un papel para quien te ve, por ejemplo, en la televisión, pero no es así.

–Uno es, en buena parte, lo que lee, lo que hace. Porque el oficio te moldea. Y también terminas por creerte tus propias mentiras, porque nadie se ve al espejo como realmente es, sino como lo que evita ver o como quiere verse, con atributos y potencias inexistentes. Eso me lleva a preguntarme quiénes somos realmente. Creo que no puede saberse. Somos lo que somos en un momento dado, cambiamos y nos parecemos a otros. El problema de la identidad siempre será un tópico importantísimo en la literatura.

–Entre otros rubros, en este libro le das un merecido repaso a la charlatanería en sus diversas formas. Sin embargo, sabemos que el pensamiento mágico va ganando terreno en el país. Tal vez sea una batalla perdida, chef.

–Siempre lo fue. Pero los magos y prestidigitadores de la charlatanería no cuentan con que por lo menos tenemos leyes civiles que nos protegen de esas fantasías. Claro, todo puede cambiar de un sexenio a otro.

–Escribes y formaste tu propia editorial para difundir lo que produces. Es una apuesta loable pero también arriesgada: si la editorial se detiene, ¿se detendrá tu obra?

–La editorial la hice porque no quiero estar batallando con otras editoriales que te ofrecen tratos raquíticos y mezquinos, te pagan cuando quieren y si no les conviene seguir vendiendo tus libros te hacen a un lado y te olvidan. Que se vayan a la punta de la mierda y al carajo. Hago las cosas a mi manera, aunque eso implique un gasto de energía tremendo. Me voy a tardar pero al final voy a lograr lo que quiero. Y si fracasa, siempre habrá otros espacios. Sin problema.

–Tu vida es leer y escribir, pero eres un chef reconocido y la profesión es demandante. Parece que tuvieras una vida extra para cocinar.

–Mi restaurante está atendido por profesionales, mi mujer y yo supervisamos el funcionamiento y yo me dedico a sacar platillos nuevos desde mi cocina particular. No salgo a fiestas. No veo a nadie. Prácticamente no salgo de mi casa. No veo tele, ni estoy enterado de las nuevas series o las películas más recientes. Cocino, leo, escribo, pinto acuarelas y desde hace un mes estoy en la fotografía. Salgo seguido a las montañas y al desierto.

Hace una pausa, apenas para tomar aire, y remata con una afirmación que sólo un creador nato puede suscribir y mantener:

–No me interesa el mundo real: la realidad es la que yo construyo desde mi casa y mi cabeza.

@cesarguemes

 



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