Jack Johnson desafió el racismo y cien años después recibió justicia



El boxeador Jack Johnson (1878-1946), acusado en 1913 de transportar mujeres de un estado a otro con fines inmorales, recibió el indulto del presidente Donald Trump el pasado 24 de mayoFoto Afp
Juan Manuel Vázquez
 

Periódico La Jornada
Martes 29 de mayo de 2018, p. a10

Fue un día nublado en Reno, Nevada . El estadio monumental convocó a 20 mil asistentes para ver lo que llamaron el Combate del Siglo, el 4 de julio de 1910. Pero lo que ocurrió ahí fue algo más que una pelea de boxeo: Jack Johnson se convirtió en el primer afroestadunidense en ganar un campeonato mundial de peso completo. Lo consiguió noqueando a la esperanza blanca James J. Jeffries en 15 crueles episodios en los que no sólo sacudió el enorme cuerpo pálido del rival, sino además removió las raíces profundas del racismo de principios del siglo XX en Estados Unidos.

¡Que no lo noquee el negro, que no lo noquee el negro!, suplicaba el público blanco que acudió a ver un encuentro que confirmaría los prejuicios de toda una época. Ningún blanco había sido derrotado en un campeonato, ningún negro había tenido esa oportunidad por un principio que llamaban la barrera de color.

Los boxeadores blancos no querían exponer su título ante los afroestadunidenses. La prensa de la época lo atribuía a un miedo genuino a perder ante rivales sin reconocimiento social. Ellos respondían que no querían ver sus cinturones en manos de negros.

El propio Jeffries se retiró del boxeo ante la imposibilidad de encontrar rivales blancos que pudieran derrotarlo. Por eso, antes de aceptar enfrentar a Johnson, reiteraba que no pensaba enfrentar a negros ni quería imponer modas aceptando retadores de color.

No estoy dispuesto a ver cómo el campeonato va a parar a las manos de un negro, dijo cuando Johnson enfilaba a la posición ineludible de aspirante al título; antes de dejar que se lleve el campeonato, volvería al cuadrilátero y le daría una paliza.

El día del combate ambos llevaban una carga simbólica poderosa. Dos visiones históricas contrapuestas y en tensión excesiva. Jeffries era la esperanza blanca en defensa de lo establecido; Johnson, el libertador de negros. Aquello no era tanto una competencia deportiva como una batalla racial.

En 15 asaltos, Johnson demolió hasta dejar tendido sobre la cuerda más baja a Jeffries. Unas crónicas incluso cuentan que algunos dientes quedaron en los delgados guantes del afroestadunidense. No sólo fue superior, sino que lo hizo con una forma de boxeo poco usual en la época, basada en el estilo elegante, opuesta al salvajismo de luchador nato del adversario blanco. El miedo más profundo de los supremacistas yacía también a pocos centímetros del suelo; por más súplicas y lágrimas, la esperanza blanca no se levantó, estaba abatida.

Johnson es un prodigio, narró el escritor estadunidense Jack London, enviado como reportero por el New York Herald para cubrir la noticia –retomada en el libro El Combate del Siglo (editorial Gallo Nero)–; nadie entiende a este hombre que sonríe. Bien, la historia del combate es la historia de una sonrisa. Si hay un hombre que haya ganado por algo tan simple como una sonrisa, ese es Johnson, escribió.

La victoria del afroestadunidense, hijo de esclavos emancipados, sobre el ídolo blanco fue una afrenta que encendió la cólera de los racistas. Hubo disturbios por todo el país que dejaron heridos y decenas de muertos de gente de color. La censura intentó impedir la proyección de la contienda en salas de cine, como si quisiera cerrar los ojos ante una realidad terrible.

La hazaña de Johnson fue demasiado para el racismo en aquellos años. Desafiar el orden establecido no podía quedar sin un castigo ejemplar y el costo fue demasiado alto. En 1913 Jack fue sentenciado a prisión por un jurado integrado por completo por personas blancas. El delito del que lo acusaron fue transportar mujeres de un estado a otro con fines inmorales. Johnson, un hombre extravagante y ostentoso, aficionado a la exhibición pública, viajaba con su novia blanca.

Pasó 10 meses en la cárcel y vivió con la carga de una injusticia hasta su muerte, en 1946, en un accidente de auto. El episodio de aquel Combate del Siglo y sus consecuencias formaron parte de la historia de la ignominia racista de Estados Unidos. Golpear a la esperanza blanca tenía precio y había que pagar por ello.

El desagravio

Un siglo más tarde, en la Casa Blanca, Donald Trump, el presidente que ha sido señalado de racista por su discurso ofensivo contra los migrantes, firmó el indulto para liberar a Johnson de una carga histórica.

Fue un esfuerzo colectivo, explica Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, uno de los que estuvieron presentes en el acto del jueves 24 de mayo.

La propuesta, que nació con grupos de defensa de derechos civiles, boxeadores afroestadunidenses y los descendientes de Johnson, tardó décadas en hacerse realidad. Fue planteada a Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, pero Trump, irónicamente, otorgó el indulto. El actor Sylvester Stallone, consagrado en el cine como intérprete del boxeador Rocky y gran amigo del mandatario, le sugirió la idea.

Fue un acto en favor de la igualdad en medio de esta crisis humanitaria que vivimos, agrega Sulaimán; era una aspiración de grupos civiles, la familia de Johnson y boxeadores como Muhammad Ali.

Trump estaba sentado ante el escritorio de la Oficina Oval. Alrededor aguardaban los invitados: Stallone, Sulaimán, los boxeadores Lennox Lewis y Deontay Wilder, así como Linda Haywood, bisnieta de la hermana de Johnson. El presidente firmó el documento del indulto y obsequió el marcador a la descendiente del pugilista en señal de recuerdo.

Es un honor para mí, ya era hora de hacerlo, dijo Trump; representó algo que es bello y terrible al mismo tiempo.



MÁS INFORMACIÓN


¿Deseas opinar sobre este artículo?
Facebook